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miércoles, 6 de enero de 2016

DA INVISIBLE CHANGE

Dice un viejo documento, excepcional, por cierto, formidable para entender la clave política de la era en que fué ideado y publicado, que “La opresión en general (...) (es un) concepto, y las soluciones integrales que (...) proponemos, también son conceptos amplios (...) La gente común percibe las cosas en su particularidad y sólo después de una experiencia y de un proceso educativo, puede relacionar los diferentes elementos como parte de un todo...”
Pues bien, el propósito de esta nota es proponer algunas situaciones en las que esta vieja práctica de las clases dominantes (particularizar un plan de dominación, para que no sea advertido como plan) está nuevamente en vigencia.
1) Situación A: Se azuza con la idea de que hay ñoquis y amigos empleados en el estado viviendo de los impuestos que el ciudadano esforzado y abnegadamente paga para engrandecer la nación y que estos parásitos succionan para financiar a los políticos que les dan conchabo y sus tropelías particulares. La solución a esta infamia es detectar a las lacras y decretar su cesantía. Esto sanea el Estado y hace que sea el mercado quien decrete la definitiva exclusión del mundo del trabajo de estos neodesocupados, puesto que, se infiere que en el ámbito privado no hay lugar para vagos ni ignorantes. El desempleado es empujado a la pauperización laboral, al subempleo, y en el extremo, a la delincuencia. Esto viene a reforzar la idea de mano dura contra la delincuencia creciente y a favorecer el clima para legislaciones flexibilizadoras de los derechos del laburante que siempre son elásticos a diferencia de la rigidez de la utilidad patronal.
En este caso, intervienen varias ideas fuerza que la derecha tiene implantadas exitosamente en la conciencia social: 1) El Estado debe tener el mínimo de empleados. 2) El estado es un aguantadero político 3) Un gran porcentaje de las designaciones en el estado involucra a empleados ineficientes 4) El costo laboral de estos empleados estrangula el presupuesto de obras “para la gente” 5) El mercado privado es mejor que el Estado a la hora de seleccionar personal. 6) Los delincuentes no tienen historia ni razón, son delincuentes y hay que barrerlos. 7) Si hay que bajarse los pantalones para conseguir trabajo, hay que hacerlo.
Esta deconstrucción atomiza un todo en el que quedan ocultas particularidades, diferencias, categorías que, de exhibirse, dejarían al desnudo que se trata de pequeños episodios que -concatenados- arman un largometraje terrorífico, pero muy claro, cuya tendencia es lograr la formación de un ejército de desocupados que alcance las cifras que necesita el capital para imponer con mano de hierro el costo laboral mínimo y la rentabilidad máxima. A los empleados, pauperización. A los desempleados, represión. Un cóctel conocido, vamos.
2) Situación B: Se propaga la noción de que se estrangula a la inciativa privada y al campo “motor de la nación” con el establecimiento de impuestos (“retenciones”) a las exportaciones agropecuarias. Eso genera ahogo en la economía puesto que el campo no logra traccionar los resortes que normalmente movilizaría de contar con la ganancia “que le corresponde”. Se advierte que esa situación genera caídas en la actividad y que -por lo mismo- en poco tiempo más se deberá importar Leche Carne y Trigo en el otrora “granero del mundo”. Se subraya que entre el recorte de utilidades provocado por la presión fiscal y el impacto de la inflación en los costos de producción se perjudica de tal manera al “campo” que esto debe combatirse de manera conjunta: Inflación, retenciones y pérdida de utilidades agrarias constituyen un eje que deteriora la economía nacional. Finalmente, el dólar bajo perjudica doblemente a los exportadores, que “pierden competitividad” internacional.
Nuevamente, se fragmenta en pequeñas nociones un cuerpo único. Se dice: 1) El campo es motor de la economía nacional 2) el campo es uniforme, todos los productores agrarios son lo mismo 3) el impuesto que se cobra al ciudadano de a pié, se lo cobran al “campo” pero aparte otro más, llamado retención 4) La inflación de los alimentos la genera la política económica del Estado, que quiere menos productores para manejarlos 5) si hay menos productores los alimentos aumentan 6) si hay que importar productos que históricamente hemos producido en abundancia algo anda mal en la política económica del gobierno 7) Hay que cambiar de política económica para bajar la inflación, eliminando inmediatamente las retenciones y devaluando la moneda nacional.
Si revisamos estas aserciones, encontramos fácilmente sus falacias: En estos momentos se ha liquidado la presión impositiva sobre las exportaciones del agro. El precio de los productos derivados es más alto que nunca en 13 años. Al haber retirado la retención como elemento de desacople entre el precio interno y el precio internacional del primario, la carne, el trigo, el maiz principalmente, han acomodado sus precios a valor internacional. Los cortes de carne que se ofrecen son de menor calidad y a (mucho) mayor precio. Primera premisa: Las retenciones obraban como un dique de contención a la inflación. Por otro lado, al liberarse de impuestos la exportación, y al devaluarse la moneda, seguido a la eliminación de controles a la exportación, el productor preferirá naturalmente colocar sus artículos en donde más ganancia devenguen, en mayor cantidad. Esto -en el contexto actual- no hace más que desabastecer el mercado interno cuanticualitativamente de productos primarios y sus derivados. Por lo que sería viable pensar, ahora, en la importación de commodities como Carne y Trigo. Ahora bien. Es necesario reparar que, tal como lo señalara el presidente de la SRA Etchevehere y su antecesor Hugo Biolcatti, junto al actual ministro del ramo Buryaille, el proveedor natural de esas posibles cuotas de exportación sea el Uruguay. En tal caso sería interesante investigar cuantas cabezas de ganado tiene ese trío en la banda oriental, cuántos tambos y cuanta superficie sembrada. Seguramente, el resultado sería sorprendente. Quedaría instalada una monumental transferencia de ingresos a los sectores más concentrados del agro, bajo la fórmula: exporto a dolar caro, vendo en el mercado interno a precios altos, el estado me compra (vía importación) mi producción en Uruguay a dólar caro. Ni el profesor Neurus de Hijitus se animaba a tanto.

Termina el párrafo elegido de las “40 Respuestas de la Corriente Roja y Negra” perteneciente al magnífico e inolvidable Eduardo Porta señalando: “Política de masas es crear las formas y las organizaciones capaces de aportar a ese proceso de concientización” Quizás pecando de algún alternativismo al peronismo, pero sin dudas con una certera diagnosis de qué hacer en la etapa. Crear conjuntamente. Acompañar. Imaginar nuevas formas. Compartir la evolución de esa conciencia, conducirla, si es necesario con toda la paciencia del mundo. Como en el Eternauta, que recordábamos hace pocos días en nuestro blog Gurkasintolerantestrogloditas.blogspot.com.ar, el pueblo comienza viendo los copos de nieve, sólamente. Y se da a la calle. Y cae. Sólo luego de una fina observación y reflexionando en colectivo se comienza a percibir el plan de ocupación del invasor. Y se encuentran las armas para la resistencia.


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