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martes, 2 de junio de 2015

CUENTOS PARA NIÑOS POLITICAMENTE KIRCHNERISTAS: KAPERUCITA ROJA



James Finn Garner escribió en 1994 un libro titulado “Cuentos infantiles políticamente correctos (Politically correct bedtime stories) (Ed. Circe), en donde rescata algunos relatos de siempre (Blancanieves, La Cenicienta, Los tres cerditos, y por supuesto, Caperucita Roja) adaptándolos a la modernidad de nuestra sociedad, y estableciendo, con un delicioso sentido del humor, valores de respeto al prójimo: tolerancia, defensa de los derechos laborales y demás causas que hoy tanto se cuidan en la escuela y en la edición de libros infantiles.
En vista de que la década ganada ha resultado beneficiosa para millones de argentinos y argentinas, se viene la colección de “Cuentos infantiles políticamente kirchneristas”.

Como no puede ser de otra manera, G.I.T. comienza a publicar estos relatos infantiles, tal vez influenciados por el infante Casey Wonder, quien, si quiere ser Presidente de los argentinos y argentinas en el 2050, deberá leer estos cuentitos y jugar menos a la Play. De todos modos, para esos años ya no estaremos, asi que esto sirva para la posteridad.

KAPERUCITA ROJA Y EL LOBO
Érase una vez una persona de corta edad llamada Kaperucita Roja que vivía con su madre en una linda casa construida gracias al Plan Procrear, iniciativa de la ANSES y del Ministerio de Economía de la Nación. Un día, su madre le pidió que llevase una cesta con fruta fresca y agua mineral  a casa de su abuela. Le pidió que se dirigiera al Supermercado más cercano y comprara los productos a Precios Cuidados y le advirtió sobre los empresarios inescrupulosos que suben los precios para obtener ganancias exorbitantes. Si bien, Kaperucita estaba en edad escolar y había recibido su Netbook del plan Conectar Igualdad, ese día era feriado puente y no tenía que concurrir a la Escuela por cuatro días. Además, su abuela no estaba enferma; antes bien, gozaba de completa salud física y mental gracias a la política implementada por el gobierno para adultos mayores y al funcionamiento del PAMI, obra social que le brindaba todos los servicios médicos de manera eficiente. Además, la abuela no necesitaba estos productos ya que cobraba puntualmente su jubilación la cual se le aumentaba dos veces por año.

Así, Kaperucita Roja cogió su cesta y emprendió el camino a través del bosque. Muchas personas creían que el bosque era un lugar siniestro y peligroso, por lo que jamás se aventuraban en él. Kaperucita Roja, por el contrario, sabía que la política de Seguridad implementada por el Secretario de Seguridad Sergio Berni había sido beneficiosa para todos y todas, por lo que no tenía miedo, a pesar de los noticieros de los canales de los monopolios, que insistían con lo inseguro que era caminar por el bosque. Asi y todo, Kaperucita Roja se vio abordada por un lobo que le preguntó qué llevaba en la cesta.
- Un saludable tentempié para mi abuela que compré a Precios Cuidados y el Bolsón de alimentos que otorga el Programa Pro Bienestar del PAMI, señor Lobo – contestó.
- No sé si sabes, querida -dijo el lobo, influido por los medios de comunicación dominantes-, que es peligroso para una niña pequeña recorrer sola estos bosques.
Respondió Kaperucita:
- Encuentro esa observación insultante ya que confío plenamente en la política de Seguridad implementada por Gendarmería Nacional y la Policía Federal, que gracias al Ministro Rossi y a Sergio Berni ha logrado reducir la tasa del delito en la República Argentina, conforme a estadísticas brindadas por la ONU y otros organismos internacionales. Haré caso omiso de ella debido a tu tradicional condición de proscrito social y de que los medios monopólicos de comunicación social te han mentido sobre lo que ocurre en la Argentina. Y le aconsejo, señor Lobo que no vea tanto Lanata y Nelson Castro y se informe por medios independientes. Y ahora, si me perdonas, debo continuar mi camino.
Kaperucita Roja enfiló nuevamente el sendero. Pero el lobo, liberado por su condición de segregado social de esa esclava dependencia del pensamiento lineal tan propia de Occidente, conocía una ruta más rápida para llegar a casa de la abuela. Tras irrumpir bruscamente en ella, dijo a la abuela:
- Señora: disculpe que irrumpa tan intempestivamente en su casa pero tengo hambre. Y como deseo cobrar el subsidio para los travestis mayores de 40 años, voy a pedirle que me entregue el camisón y toda la ropa que tenga para hacer los trámites correspondientes. No voy a comerla porque espero otros alimentos provistos por las campañas sociales de este Gobierno. He visto que el camión de Milanesas para Todos y Todas esta en la zona. Asi que le pediré que se encierre en el ropero para poder actuar libremente. 
El lobo, astuto y sagaz, se vistió con la ropa de la abuela y esperó a Kaperucita.
Kaperucita Roja entró en la cabaña y dijo:
- Abuela, te he traído algunas chucherías bajas en calorías y en sodio y en grasas trans ya que el Ministerio de Salud de la Nación ha implementado políticas alimentarias para bajar la obesidad en el país.
- Acércate más, criatura, para que pueda verte -dijo suavemente el lobo desde el lecho.
- ¡Oh! -repuso Kaperucita. Había olvidado que visualmente eres limitada y que aún el PAMI no te ha enviado los lentes gratuitos que solicitaste.
- Pero, abuela, ¡qué ojos tan grandes tienes!
- Han visto mucho y han perdonado mucho, querida.
- Y, abuela, ¡qué nariz tan grande tienes! (relativamente hablando, claro está, y, a su modo, indudablemente atractiva).
- Y… ¡abuela, qué dientes tan grandes tienes!
- Son gracias al nuevo plan odontológico del  Gobierno. No se si sabes querida, que existe el Plan Argentina Sonríe, que cuenta con tecnología avanzada para arreglar la dentadura y que es gratuito…….  Así podré comer mejor, gritó el Lobo abalanzándose sobre Kaperucita.
Kaperucita gritó y utilizó el botón antipánico provisto por la Coordinadora del Comité Ejecutivo de lucha contra la Trata y la Explotación de personas y para la protección y asistencia de las víctimas, que conduce la compañera Cecilia Merchán. Sus gritos llegaron a oídos de un operario de la industria maderera, que estaba en blanco gracias a las políticas implementadas por el Ministerio de Trabajo de la Nación que pasaba por allí.  Al entrar en la cabaña, advirtió el revuelo y trató de intervenir. Pero apenas había alzado su hacha cuando tanto el lobo como Kaperucita Roja se detuvieron simultáneamente…

- ¿Puede saberse con exactitud qué cree usted que está haciendo? -inquirió Kaperucita. El operario maderero parpadeó e intentó responder, pero las palabras no acudían a sus labios.
- Usted, compañero trabajador, no puede utilizar su instrumento de trabajo para agredir al pobre lobo, que, lo único que ha hecho es querer comprobar fehacientemente las calidad de la dentadura provista por el Plan Argentina Sonríe. 
El lobo, feliz por haberse salvado del hacha asesina del operario maderero, agradeció a Kaperucita la intervención. En ese instante, la abuela logró abrir la puerta del ropero donde estaba encerrada y también recriminó al leñador la actitud tan poco solidaria y dijo al trabajador:
- Compañero: usted sabe que en esta década hemos trabajado con políticas de inclusión para todos y todas. Y el lobo, siendo parte de esta comunidad, también ha recuperado derechos, por lo que no debe agredirlo de manera brutal y despiadada. 
El leñador, afiliado a la Unión de Sindicatos de la Industria Maderera de la Republica Argentina, y que cobraba un salario digno gracias a la paritarias instauradas por el decreto 394/03 del entonces Presidente Nestor Kirchner, tuvo que reconocer su equivocación. 
A partir de ese día, Kaperucita Roja, la abuelita, el lobo travestido y el operario de la industria maderera vivieron felices en el bosque y apoyaron las politicas sociales del gobierno nacional.

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