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jueves, 24 de marzo de 2011

ADIÓS, NUNCA MÁS




Busco.
Dice Wikipedia: Nunca más es el nombre del informe emitido por la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) de la Argentina.
Es conocido también con el nombre de Informe Sabato (pronunciado «Sábato»)[1] puesto que fue el escritor Ernesto Sabato, quien presidió la comisión.
La comisión fue creada por el presidente de la Argentina Raúl Alfonsín (1927–2009) el 15 de diciembre de 1983. El objetivo era esclarecer los hechos
Por otro lado, cada vez que veo la cara ojerosa de Strassera diciendo “Señores jueces (…) quiero utilizar una frase (…) que pertenece a TODO EL PUEBLO ARGENTINO. Señores jueces: NUNCA MAS.”, algo no termina de acomodarse acá adentro.
La entonación del tipo. El mismo que después negó las torturas y los aprietes a los Graiver.
El mismo, que es un perfecto gorila, hoy, en el país del NUNCA MENOS.
Algo tiene de simpático, tal vez, la frase. Y no es –precisamente- que perteneciera a TODO el pueblo argentino. No le pertenecía a la derecha cómplice, al Radicalismo Golpista que aplaudía careta en esos palcos, al empresariado enriquecido a punta de bayoneta y capucha, al Peronismo del pacto militar sindical. En fin, a la fracción que hegemonizó el discurso político cultural hasta Néstor.
Para esos era Nunca Más, si, pero hasta que nos cansemos.
Si se vuelven a poner loquitos nos enojamos de nuevo eh? Y les hacemos un Julio López.
Les baleamos los pibes en Plaza de Mayo. Les bajamos a Maxi y a Darío. Les cortamos las rutas, les tiramos los alimentos, les subimos los precios por joder. Por joderlos.
Les tomamos los medios escritos y filmados.
Les lavamos la cabeza con La Señora, Su, Marce, Los Colimbas, Granata, Neumann, Majul.
Les sembramos el mainstream con Joaquín, Bonelli, Castro, Feinmann ya sabés cual, Lanata.
Y el NUNCA MÁS a qué me sonaba? Me sonaba a nunca más milicos, nunca más violencia, nunca más golpe, nunca más exaltados, nunca más guerrilla, nunca más ezeizas, nunca más esos negros tiránicos que no entienden como se vive en los países civilizados. Me sonaba a Jimmy Carter y a Bee Gees.
De ese nunca más, (el libro, la conadep, la frase de Strassera) salió como un ejército de ocupación presuntamente democrático la teoría de los dos demonios. Que pretendía, llanamente, ilusionarnos con la idea del yo no fui. Me pusieron la droga. Me incriminaron. Yo no tenía ni idea. Detenían a chicos que se las buscaban.
Era TODO un gran Bálsamo.
Ungüento para los músculos acalambrados y entumecidos de una constitución enclenque que miraba por debajo de la venda manchada con sangre y con el ojo amoratado.
Pero, como a cualquier ser vivo, la elasticidad se recupera. Se pasan los calambres. Se restablecen las fibras. Y ya no sólo que no sirve más el ungüento, sino que es contraproducente.
Llega el momento en que lo que el cuerpo requiere es recobrar la plenitud de sus facultades dinámicas. Sepultar la inercia, y generar nuevas motricidades, nuevas metas.
Ya no basta con un ungüento que permitió –incluso- los fastos de la impunidad. Ya no basta con que no nos vuelvan a golpear. Ya no basta con que la pierna no se vaya a lastimar en el mismo ligamento.
Ya no hay NADA que ese Nunca Más no haya explicado.
Ya está.
Cumplió su objetivo. Quedó en desuso el día en que la claudicación radical instruye al Fiscal Militar para que sea sembrada la semilla de la impunidad en la inmensa mayoría de los cuadros represivos.
El apriete oligárquico militar logró que el Nunca Mas (el somos la vida somos la paz de la coordinadora del coti) fuera sólo eso: una consigna que a duras penas llenaban cada vez más de un creciente contenido las organizaciones de Derechos Humanos: Hebe, Estela, Hijos, Familiares.
Pero, siempre relegadas a un ghetto social muy definido. Que se queden reclamando, que hagan simulacros de juicios sin condena. Que se les tiendan manos piadosas para las cámaras de TV que se les pretenda comprar la memoria con caramelitos mediáticos. Que se las relegue a UN DÍA AL AÑO. Una semana, a lo sumo. Que sean los raros, los freak, los rencorosos, los que no entendieron este nuevo presente de la Testa Rossa y el champan, y dicen que soy aburrido y tengo la banelco y serví mas sushi que Cavallo es piola parece.
Después…
Bueno, después colapsó ese país. Esa película.
Colapsó el modelo neoliberal democrático que había continuado lo que inició la dictadura.
Néstor Kirchner, Cristina Fernández, y un puñado de cuadros fueron arrastrados por la ola incontenible de la historia a la cima de un proceso de profundísimos cambios.
Se cerró la era de la impunidad, la de la frivolidad, la del totalitarismo informativo, la de la concentración rentística, la de… etc etc.
Se cerró. Se apisonó ese terreno.
Se plantó una nueva plataforma. Desde la que no hemos de descender.
De ahí el genial NUNCA MENOS de Verbitsky a escasas horas de la muerte del Pingüino más volador de la historia.
De ahí, que me resisto abiertamente a usar ese estandarte. Esa consigna NUNCA MAS. Hoy me es muy pobre. Muy vacía de contenido.
Mucho más llena, mucho más pletórica de vida, sonrisas, lágrimas que saldan la tristeza y la impotencia, abrazos, ladridos al cielo, los nervios de punta esperando la sentencia, alaridos en las afueras y en los adentros del poder judicial cada vez más democrático, mucho más rebozante de fotitos que ya se hacen viejas porque hay cachorros que dan ganas de mirar. Ya hay reemplazo, ya hay una jefatura una política una cultura un café y también un territorio un sindicato y un puto y una torta un actor que no entendemos que hace de este lado y un viejo eternamente querido que también. Un odio hermoso en los que no saben mas que odiar y una alegría y una esperanza en los que siempre han sido odiados.
Mucho más adecuada a mi corazón, con perdón de los afectados y por eso no voy a usar la frase NUNCA MAS nunca más, es NUNCA MENOS
Ta?


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