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lunes, 25 de octubre de 2010

El subsuelo y los géisers





Desde la posición que da la mirada a  un par de días del hecho, se notan algunas referencias. Por ejemplo, se alcanzan a percibir las profundas mudanzas de eje que da el país y que damos, como sociedad. Esas sensaciones de algo totalizador que apenas observamos en episodios, que sucede cuando algún geiser trae el vaporoso testimonio de los movimientos del subsuelo a la superficie.

El eje socioeconómico, culturalpolítico e ideológico del país se desplaza obstinadamente hacia la izquierda. Entendida esta desapasionadamente, sin las rimbombancias que le intentan plantar los dogmáticos clasemedieros obstinados en ser vanguardias de sectores que jamás entenderán ni un poco. La izquierda en este país es inmanente al peronismo. Lo demás es librito de facu, pelito lacio y que bárbaro el Che. Si esta realidad algún día va a ser cruzada por algun fenómeno superador, no lo sé. Hoy es así.

Decía que el eje se corre. Todos los días un poco más aceleradamente desde la 125 para acá. Y eso torna imprescindible cierta profundidad analitica que no siempre se encuentra en el manual del militante 2010 que todavía se está terminando de acomodar la ropa después de la hecatombe 2001.

Ese corrimiento deja testimonios desgarradores. Viejas referencias cuasi religiosas son motivo de debacle. "bronces" del movimiento popular de antaño, de pronto son la reacción, y se aferran con uñas, dientes, patas y manos al escenario social en donde ellos venían a ser la vanguardia, las fuerzas revolucionarias, el progresismo, y las mismas barbas de Fidel o el bigotito engominado de Cooke. La historia, (empujada por las verdaderas fuerzas del progeso, las que en los hechos hacen navegar a un entramado social a las costas de una mayor justicia social, de una mayor equidad) los comienza a descartar, comienza a redactar sus certificados de obsolecencia y a reservarles un lugar en el panteón de la contrarrevolución.

El corrimiento del eje, los cataclismos en las placas tectónicas de la patria, requieren una mirada más profunda que la de Su Giménez.
Si se carece del mismo, se perciben apenas las expresiones superficiales de esos desplazamientos. Los géisers.

Un géiser cercano es la emboscada y el asesinato de Mariano Ferreyra. En ese episodio como en tantos otros, se alcanza a percibir en la superficie (pongamos) el fascismo de la burocracia sindical, la incompetencia policial, la especulación y pobreza política lógica de fuerzas que como el trotskysmo no hacen más que centrarse en la disputa ideológica, las mentiras de los medios.

Mirando bajo la superficie, observando las contracciones y cataclismos interiores, se observan otros datos, imprescindibles para articular un análisis de mediana certidumbre. Por caso: ¿Qué rol juega la CTA en todo esto? Si definimos a la central alternativa como un intento superador de las burocracias sindicales, cuya virtud sería dotar de democracia, participación y masividad a los gremios, si su percepción política llevó a que visualizaran la necesidad de representar a los trabajadores desocupados, ¿Porqué es que no tuvo incidencia alguna en la lucha de trabajadores pauperizados por el modelo neoliberal, cuando -precisamente- se enfrentaban a lo más corrupto y burocrático del sindicalismo nacional? ¿Dónde estaban los dirigentes sindicales que se autoproclaman superadores del modelo de la CGT? Diría: resolviendo cuestiones electorales. No lo voy a decir. También forma parte (De Gennaro, teléfono) de la lucha sindical.

El tema es que en Avellaneda/Barracas chocaron por debajo del géiser tres modelos de organización obrera que están en pugna por la centralidad del proceso de profundización política que vive el país.
El primer modelo es el de una CGT que se ha puesto a la altura de las circunstancias, que lentamente comienza a despegar del mero reivindicativismo con que engordó sus columnas durante la resistencia y en parte del presente proceso político. La correcta y absolutamente progresista propuesta por la participación en las ganancias empresarias, como -en general- las distintas posiciones asumidas por el "bloque CGT", particularmente en Diputados (Piumato, Recalde, Plaini), dan cuenta de una conducción sindical (agrupada en la Corriente Nacional del Sindicalismo Peronista, de Moyano) que crece en política y despega de la actividad estrictamente "gremial". En el haber queda por cierto la necesidad de superar prácticas y (seguramente) concepciones retrógradas que ahogan cuando no cercenan la participación de nuevos actores. Aquí es donde se observa, si se mira sin intención aviesa, una línea divisoria que aún no trasciende a lo institucional. "Los Gordos" no comulgan con esta idea. Son la oposición a Moyano. Se sienten más cerca de la Azul y Blanca de Barrionuevo que del Moyanismo. No rompen por el sello, que todavía pesa, y por el paraguas. No el de Rucci. Cierto es que esta CGT mezcla en su olla lo bueno y lo pésimo. Pero está claro cual posición hegemoniza. En Avellaneda/Barracas chocó lo peor de la CGT, lo más retrógrado de su composición "en tránsito". Lo más ligado a la patota de derecha. Los sicarios del neoliberalismo, que se especializaron durante años en reprimir, atemorizar y fajar a trabajadores, complaciendo al amo.
Pero este -reitero- no es el modelo hegemónico en la CGT de Hugo.

El segundo modelo, es el que nació al calor de la resistencia al modelo Menemista, y que pretendía incluir a un nuevo y poderoso actor social, algo inorgánico todavía. El desocupado. Tan política fué su impronta al nacer que se transformó paulatinamente en eso: una usina de elaboración política sin la columna vertebral de todo sindicato que es el gremialismo, la reivindicación, lo inmediato particular que, entramado, urdido lógicamente comienza a devenir político.
El problema de ser política antes que gremial reside en que esa organización no sería flexible al arribo de un gobierno que transformaría en conquistas viejos reclamos de la Central.
El Kirchnerismo se llevó puesta a la CTA. En el buen sentido. Fundó y desanda una instancia superadora de país en relación con el país que justificó a la CTA. Por lo tanto, mirar el subsuelo, sirve -una vez más- para entender los géisers del internismo, las impugnaciones, la falta de protagonismo en las luchas de obreros pauperizados, el éxodo Jujeño, la politiquerización de sus voceros (hace mucho que no se los oye hablar de otra cosa que no sea pegarle al gobierno y coincidir con la oposición infantilista).

El tercer modelo disputa sólo en lo ideológico, y es el que aparece garabateado en los cuerpos de delegados más castigados por las pauperizaciones residuales subsistentes: Kraft Food, El Roca, etc. NO tiene ninguna perspectiva de traducir en poder real su consignismo estrategista y su relato ideologico dogmático frente a la realidad. Sin embargo, logra arrebatarle la bandera de esas luchas a dos centrales que, por motivos diversos aparecen mirando para otro lado.

Los tres modelos, un pais que se desplaza y que con ese desplazamiento derriba paradigmas socio culturales y amaga emplazar otros. Más interesantes. Convulsos, todavía. Pero irreversibles.


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